¿Y si la clave estaba en la espalda?
Enzo Copetti llegó a Rosario Central envuelto en una enorme expectativa. Goleador, físico imponente y pasado reciente destacado habían generado ilusión en el pueblo canalla, que imaginaba al chaqueño como el “9” capaz de marcar una época en Arroyito. Sin embargo, el paso del tiempo fue enfriando ese entusiasmo inicial.
Los números son contundentes y explican el murmullo de la tribuna: apenas 4 goles en más de 50 partidos con la camiseta auriazul. Para muchos hinchas, Copetti no dio la talla; para otros, todavía está en deuda con el contexto y con su propio potencial.
Pero en GaliSports detectamos una curiosidad que no pasó desapercibida y que hoy alimenta la ilusión, aunque sea desde lo simbólico. Desde su llegada a Central, Copetti no repitió número dorsal en ningún semestre. Un cambio constante en la espalda, casi como si nunca hubiera logrado afianzarse del todo, ni siquiera desde lo identitario.
Ahora, con la posibilidad concreta de que el delantero mantenga el dorsal 22, aparece una pregunta que mezcla superstición, esperanza y fútbol:
¿y si todo este tiempo la clave era simplemente repetir el número?
En un club donde las cábalas pesan y la historia está llena de símbolos, la continuidad del dorsal podría representar algo más que un detalle estético. Podría ser, para Copetti, el punto de partida de una revancha personal. El año en el que deje de buscarse… y empiece, por fin, a encontrarse.
En Arroyito la pelota manda. Pero a veces, también manda la espalda. 👀🟡🔵

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